Globo triste

2018: la revolución de la tristeza

Por: Matías Schmüth


La revolución de la alegría que nos prometieron desde Cambiemos llegó sólo para unos pocos: los amigos del poder, que gracias al plan económico llevado adelante por el gobierno nacional, cerraron un muy feliz 2018, con ganancias extraordinarias para los tiempos que corren.

Como contrapartida, las promesas de campaña destinadas para la clase trabajadora, para las pymes, para el comercio o para las economías regionales, cierra sin lugar a dudas el peor año de las últimas décadas. Sólo basta con ver los datos sobre lo que están afrontando los distintos sectores: el comercio tuvo una caída sostenida durante doce largos y penosos meses, para recién en diciembre repuntar y terminar dejando al menos una mueca en el rostro de uno de los sectores más vulnerados por este plan.

La industria llegó a los niveles de producción más bajos desde 2002, haciendo imposible pensar en reactivar la producción al no contar con financiamiento para poder invertir, y soportando, al igual que todos, el incremento de los costos fijos.

La clase trabajadora este año afrontó la mayor inflación desde la salida de la convertibilidad, y sufre cómo su salario, en términos reales, se viene a pique mes a mes para terminar a razón de un 20 por ciento por debajo de 2017.

A pesar de esto y como frutilla del año, los funcionarios nacionales anuncian antes de irse de vacaciones, aumentos del 35% en gas, 40% en transporte y 55% en energía eléctrica. Sin ir más lejos, en la ciudad, el intendente anunció un incremento del 50% en el transporte urbano de pasajeros.

Lamentablemente, esta “revolución de la alegría” para un puñado de amigos, dejó empobrecidos a más argentinos y golpeó con peligro de knock out a quienes son el verdadero motor de la economía de un país.

Desear en este fin de año que el gobierno cambie el rumbo, que vuelva a normalizar el mercado de crédito, que piense en el mercado interno que representa -ni más ni menos- al 80% de nuestro PBI, que ponga por sobre la actividad financiera las economías regionales, el comercio o la industria… es lo mismo que sentarse a esperar a los Reyes Magos.

Pero, sin embargo, tenemos una oportunidad en este año que comienza de pensar, como argentinos, qué queremos para nuestro país.En Santa Fe hay un modelo que esquiva la pelea de polos opuestos que se impone desde los medios, y que elige seguir llevando infraestructura a toda la provincia con obras que no se detienen; que emplea a 25.000 santafesinos; que defiende a sus empleados de los avatares de la macroeconomía; que está cerca del comercio y de la industria porque los considera pilares para el desarrollo y que se anima a incrementar impuestos a las entidades financieras para, junto a ellos, poder cubrir una parte del subsidio del transporte que Nación decidió sacar.

Pensemos en un 2019 en el cual no vayamos por la “revolución de la alegría” para pocos, sino que busquemos sostener lo obtenido durante estos últimos 12 años en la provincia. Y trabajemos con constancia para llevar este modelo a la Nación… para que Santa Fe siga de pie y la Argentina comience a marchar por los caminos de la justicia social y la igualdad.

Publicado Lunes 7 de Enero de 2019

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